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Los varones también amamos

13 de Diciembre de 2016

Si todos los seres humanos nacimos para amar y ser amados, los varones nacimos también con esa profunda y trascendente vocación. Y digo vocación porque es un llamado, una inclinación que integra y orienta toda la vida de cada uno.

Es el amor el que nos otorga una existencia significativa, porque saliendo del alma busca el bien auténtico del ser amado, sea este los padres, la patria, los hijos, los amigos, Dios. Pienso, por ejemplo, en la vocación al amor de un bombero voluntario, el que se juega con alto riesgo por alguien muchas veces desconocido; nunca una palabra tan bien usada: voluntario. Sin intelectualizar demasiado la cuestión, los varones como tales, vivenciamos el amor desde el seno materno, porque mamá fue la primera mujer de nuestra vida, como papá fue el primer hombre, y si esos vínculos existieron y se cultivaron, la masculinidad creció sana, enriquecida, en medio de dificultades y tropiezos. También es verdad que no pocos varones tuvieron violentada su masculinidad, tanto por el machismo del "callate, los hombres no lloran", o la violación que los humilló. Sin embargo, somos libres y pensantes, podemos entonces sanar nuestras heridas; aprender a comprender y purificar los propios afectos, tan cargados de egoísmos, tapados por el gesto bruto o disimulados por una fortaleza que no es tal. No nacimos para ser machos blindados o el tipo que puede con todas, nuestra identidad sexual y humana no es el golpe, el insulto o el asesinato. Falta todavía una pedagogía de la masculinidad, un modo de enseñar a nuestros niños y jóvenes, que tenemos un estilo propio de ser y vivir, arraigado en los cromosomas y madurado en la configuración psiconeurológica y en las opciones responsables. Los varones amamos, es parte de nuestro patrimonio afectivo tanto como lo es en las mujeres, aunque con distintas formas de vivenciarlo y expresarlo. Hay hombres que sufren por amor, hay varones que se sacrifican por amor, porque tendemos a poner el amor más en las obras que en las palabras. Con nuestra peculiar forma de comunicación tendemos puentes a la mujer para conocerla, sentirla y amarla. Nadie dice que esto se trae de la cuna o es fácil, si así lo fuera, no habrían tantos fracasos o hechos de violencia entre mujeres y varones. Pero ese no es nuestro destino, y el destino no está escrito, somos libres; libres para escribir nuevas páginas de comprensión, perdón, olvido y sanación. La sanción penal no va al fondo de la cuestión de la violencia, hay que sanar heridas, hay que enseñar a amar. El desafío es aprender a celebrar nuestras diferencias y complementariedades, conocernos desde la propia orilla y salir al mar del encuentro interpersonal. Mal que le pese a los promotores de la ideología de género, que pretenden: condenar al varón por ser varón, borrar al hombre como padre, sepultar al varón como complemento de la mujer; eliminarlo mediante la oposición dialéctica con la mujer. Somos muchos los varones, de distintas edades y diversa condición cultural, capaces de seguir diciéndoles a la mujer: "Quédate tranquila a mi lado".

Carlos Robledo

Fuente

Hecho con Juanfran Díaz