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Por una nueva masculinidad

26 de Noviembre de 2016

Quisiera sufrir todas las humillaciones, todas las torturas, el ostracismo absoluto y hasta la muerte, para impedir la violencia. Si queremos un mundo de paz y de justicia hay que poner decididamente la inteligencia al servicio del amor. Empieza mi palabra con pensamientos de grandes destellos de la humanidad.

Nos compete cambiar grises paradigmas que detienen la vida y la felicidad, se requiere el empoderamiento de la mujer, que el hombre se cuestione individual y colectivamente por la deconstrucción de su masculinidad tradicional. Hablar de concienciación del hombre para que se despoje de la idea de la mujer como un ser frágil y servil, es una visión muy limitada, más bien hay que examinar qué políticas públicas se están desarrollando, para combatir el machismo

El concepto de la nueva masculinidad busca involucrar al hombre en la lucha por la equidad, además de señalar los problemas de género en el hombre que resulta de la socialización sexista, es decir de la construcción del modelo de hombre hegemónico, donde desaparezca el privilegio que se les ha otorgado y todas las barreras que le impiden vivir con humanismo.

A los hombres nos ha tocado por educación, cultura o costumbre el rol de ser los proveedores, los fuertes y los insensibles. Los roles enérgicos, los estereotipos y las normas sociales nos han encajado en un armazón de dureza, de insensibilidad, sin que nadie se haya preocupado por saber si es lo adecuado o si al hombre se le ha preguntado si es feliz con su rol.

Considero que la violencia es un problema cultural y social sustentado en una mentalidad que privilegia una masculinidad hegemónica. No podemos dejar al lado la formación machista que desde pequeños también reciben los hombres como: El hombre es el que paga, el hombre no hace los trabajos del hogar, compórtese como un macho, los hombres no lloran, etc.

El machismo es un conjunto de costumbres, creencias y actitudes que sostienen que el hombre es superior a la mujer en fuerza, inteligencia y capacidad. La falsa división del trabajo por género, por eso es común escuchar que el hombre no debe asumir tareas del hogar, barrer, cocinar o planchar.

Porque soy hombre y no macho, puedo ser sensible, no violento, tierno, responsable, respetuoso y cariñoso. A propósito del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, abramos un espacio de reflexión que nos sacuda y nos obligue a trabajar en colectivo por una nueva masculinidad y por la no violencia activa o pasiva, con el establecimiento de políticas públicas que redunden en el amor fraternal.

Fuente

Hecho con Juanfran Díaz